Etapa 3. Álftavatn – Emstrur (Botnar). Trekking del Landmannalaugar. (Islandia)

Caballos en el refugio de Hvanngil. Landmannalaugar. Islandia 2018

Tras el desayuno y con las pilas recargadas comenzaba nuestro tercer itinerario en la ruta de Laugavegur, uno de los más hermosos.

A tan sólo media hora del refugio de Álftavatn, nos encontramos con el primer río que debíamos vadear, el río Bratthálsvíl.  ¡Menudo calvario!.

En el fondo y pese al martirio que suponía inicialmente quitarse las botas y cruzar el río a pie, una vez superado servía para descongestionar y aliviar mis pies cansados.

El agua de estos ríos proviene del deshielo del glaciar y en verano es cuando más caudal llevan, de ahí, lo fría que está.

La explosión de color comenzaba de nuevo y el monte Stórasúla (908 mts), que sería nuestro compañero buena parte del trayecto, asomaba altivo sobre un curioso e intenso verde flúor.

Era cerca del mediodía. Habíamos avanzado unos cuatro kilómetros.

Caminar por lugares que atrapan es el sueño de cualquier senderista. El Valle del refugio de Hvanngil es uno de esos paraísos que embelesan.

Aproveché la parada técnica para acercarme a los caballos islandeses. Son especiales, robustos y muy diferentes. Se cree que son el resultado de un cruce entre diversos ponis originarios del norte de Escocía, Irlanda y escandinavos.

La melena es muy singular y tienen una cola larga y espesa. Me llamó muchísimo la atención el flequillo y lo tranquilos que son.

Tras este breve y hermoso paréntesis, reanudamos nuestra marcha.

De nuevo la tortura. Llegábamos al río Blafjallakvisl y tocaba de descalzarse. Nuestra guía estuvo analizando la profundidad del rio para buscar el punto más seguro. Esta vez había que darle un toque picante a la aventura y no nos quedó más remedio que quitarnos los pantalones. ¡Esto si que fue abrir mente y alma para sumergirnos en tremenda experiencia!.

¡Ojo! Mucho cuidado a la hora de cruzar en coche, el agua puede ser muy traicionera y no todos los vehículos están preparados para hacerlo. Además requiere cierta habilidad y técnica.

Y de repente dejábamos atrás las bordadas y exuberantes praderas verdes para penetrar en uno de los parajes más desolados, el Maelifellssandur, un insólito desierto de arena negra y lava.

A una hora de camino descubríamos un oasis en medio de la la nada, el río Innri-Emstruá. Eran las tres de la tarde y aún no habíamos parado a tomar el almuerzo. Aprovechamos este enclave para recuperar algo de energía.

Desde allí cruzamos el pequeño puente de madera y proseguimos hasta acércanos al volcán Hattafell.

Fuimos bordeando este vistoso monte bajo un cielo espectacular. Volvíamos a encontrarnos con un pequeño río, aunque en esta ocasión podíamos apoyarnos sobre las piedras.

Era un entorno muy estimulante, de extraña belleza que provocaba cierto encantamiento.

No es de extrañar que los islandeses crean en las diminutas criaturas mágicas. Es interesante soltar un poco la imaginación y sentir que algún Hukdufólk te puede estar observando.

Más allá de la fantasía y el misterio, estábamos grabando en nuestras mentes la huella de un viaje fascinante.

Unas horas más tarde llegábamos al Refugio de Emstrur, tras haber recorrido los quince kilómetros de travesía. Estábamos deseando darnos una buena ducha de cinco minutos y disfrutar de una estupenda y caliente cena.

Comparadas mis sensaciones con los dos etapas anteriores, lo experimentado en esta fue excepcional.

Próximamente la cuarta etapa del trekking.

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